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LOS CINCO IMPRESCINDIBLES QUE NO FALTAN EN MI EQUIPAJE

Dicen que viajar nos hace libres. Quizás sea cierto, o quizás al menos eso colabore en que cuánto más viaja uno, más se da cuenta de que menos necesita.

Y no hablo ahora en un sentido moral ni filosófico, sino real y tangible. Poco a poco uno va abandonando todos esos “por si acaso” de la maleta para quedarse con lo verdaderamente imprescindible. Hoy día puede que este sea uno de mis dones preferidos. 

Es por ello que hoy quiero contaros qué 5 elementos me acompañan siempre en mis viajes: 

1. Mi adorada cámara de fotos 

No seré yo quien diga de sí misma que es una gran fotógrafa, pero me gusta captar el mundo como yo lo veo. Con esto quiero decir con las particularidades en las que yo me detengo o los aspectos que más me llaman la atención, que pueden o no ser los más obvios de un lugar. 

Es verdad que cada día hacen móviles más tecnológicos y con unas cámaras increíbles, e incluso puedo llegar a entender a quien viaje solo con su smartphone como pieza clave para memorizar sus recuerdos en imágenes, pero yo no sería capaz de salir siquiera un fin de semana sin mi cámara, por lo que pueda pasar. 

2. Mis guías de viaje y mapas 

Cada vez que voy a realizar un viaje, da igual lo cerca o lejos que sea: leo, releo, y vuelvo a leer decenas de blogs, revistas, guías en papel, mapas… y con todo ese compendio creo mi propio programa a mi gusto. A veces incluso con horarios, lo que llega a ser un poco loco (recuerdo la primera vez que fui a Nueva York que llevaba todo cuadrado al milímetro, hasta la hora de la ducha). 

Esto no significa que haya que ser inflexible sino todo lo contrario. La mejor improvisación es la que no se improvisa, y por ello creo que es importante llevar todo preparado con los planes como desde casa entendemos que son mejor (en destino no es el momento de mirar horas de aperturas, días de visita gratis o restaurantes más coquetos). Pero dicho lo anterior, siempre hay que dejar abierta la mente a la improvisación, y lo que nos podía parecer una idea fabulosa antes de partir puede resultar no tan interesante una vez allí o incluso podemos descubrir una alternativa mucho mejor. Y hay que saber renunciar a las ideas iniciales y dejarse llevar por los cambios que el ambiente nos sugiere. 

3. Mi mochila… antirrobo 

Si bien es verdad que en Sevilla suelo utilizar más bolsos, no contemplo un viaje sin mochila. Y no me refiero a mochila de mochilero (que si hace falta también), sino a una mochila para el día a día de una escapada o ruta. 

En esa mochila llevo todo lo que para mí es indispensable: mi cámara, mi documentación (pasaporte), el dinero, las tarjetas de crédito… y otras cosas que para mí son muy muy importantes y que perderlas supondría un verdadero drama, como mis gafas de ver. No todos lo saben pero tengo miopía magna y aunque durante el día suelo llevar lentillas, necesito descansar el ojo varias horas llevando gafas, y si las extraviara o me las robaran creo que tendría que volver a casa. No sé cómo lo haría. 

Con este ejemplo quiero decir que seguro que todos tenemos algo súper importante que llevamos con nosotros además de todo lo que solemos llevar todos en un viaje, y que de por sí ya sería un problemón perder o que nos lo hurtasen (líos de papeleo, seguro, la policía, los consulados…); si que te quiten algo en tu ciudad es engorroso, en otro país ya ni hablamos. Y si encima es algo de especial valor para uno… papelón. 

Por todo lo anterior creo que las mochilas antirrobo de Normand son una gran compañera de viaje. Además de estar fabricadas en un material que impide que la rajen con un cuchillo (técnica habitual en el metro) y con protección RFID (para que no puedan pasar un datáfono y robarte datos), tiene un dispositivo de alarma que controlas desde tu móvil que hace que suene como loca si alguien la abre sin tu permiso o la aleja de ti más del perímetro establecido. Y si todo falla, su sistema de geolocalización te indicará hacia dónde se dirige tu mochila. Nada mal, ¿eh? Una tranquilidad extra, minipunto para Normand

4. Una botella metálica 

No diré que yo soy la viajera más responsable y sostenible de la historia, porque no es verdad. Pero eso no implica que no intente aportar mi pequeño granito de arena en pequeñas acciones siempre que puedo. 

Uno de esos hábitos que intento establecer para mí misma es tratar de llevar siempre conmigo una botella de metal para ir rellenando sin necesidad de comprar cada día botellas de plástico que acaban contaminando nuestros mares. Incluso en la otra punta del mundo pueden encontrarse fuentes de agua purificada para rellenarlas y evitar tanto plástico viajando, que además es cuando más se suele beber embotellado. Es una tontería pero gota a gota… se hace el río. 

5. Un bañador sea invierno o verano 

Da igual el destino o la estación del año. Un bañador es algo que nunca falta en mi maleta. Alguna vez me ha pasado de no llevarlo por ser invierno, o ir a un lugar de interior, y encontrarme con una preciosa cascada, una piscina climatizada, unos baños árabes o un spa. Y maldecirme. 

Nunca se sabe dónde puede aparecer el lugar idóneo para un chapuzón, y si como a mí te gusta el agua (sobre todo cuando no está helada) es algo que ocupa muy poco y que nunca está de más. ¿No os parece? 

Hasta aquí mi lista de cinco básicos en el equipaje. Hay otras cosas que también son muy importantes como mi cartera de viaje con todos los documentos, o un buen botiquín adaptado al país a visitar, pero… tenía que quedarme con los más clave. Y tú, ¿qué no falta en tu maleta? 

Claudia Campos

https://losviajesdeclaudia.com/


Publicado en Sin categoría

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